María, Maye y Julián

Autor: WILSON MUÑOZ GALINDO
COLECTIVO: CAMINOS Y GENERACIÓN DE PAZ
COLEGIO ANTONIO GARCIA

Los tres relatos de esta historia inducen a una mirada particular del colegio. Ese lugar de confluencia de historias propias, intereses, formas de ver, sentir, pensar, siendo y actuando en el mundo; relatos de vida que propician un imaginario alterno a la
normalidad que prevalece en la cotidianidad de las instituciones educativas y de las cuales se habla continuamente en los medios de comunicación y en la voz de los ciudadanos. En este sentido y de algún modo María, Maye y Julián rompen con la aparente uniformidad del colegio; irrumpen como un cataclismo en un escenario que usa ahora la moda y genera tensión frente a los graves problemas que aquejan a la sociedad colombiana.

Como si en los colegios realmente se pudiera hacer “ya” lo que todos quieren: generar las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales que el mediatismo de muchos exige. Algo así como demandar un país democrático, justo y digno al frotar la lámpara de la escuela, como si se tratase de una labor mágica, sin esfuerzo, fácil si se quiere. Lo que no se hace en la casa, en el barrio, en la localidad, en la ciudad, en el país, en los poderes formales y reales de Colombia, que se haga en la escuela. Significa decirles a los estudiantes, padres y madres de familia, maestros y maestras que hagan lo que el resto del mundo político, social, económico y cultural del país no hace: asumir con responsabilidad el presente de la nación, que es propio pero al mismo tiempo viene siendo de otros y de todos.

María, Maye y Julián hacen trizas las formaciones, los discursos en la escuela donde aún son determinantes formas de autoritarismo, insolidaridad, irrespeto por la singularidad y complejidad de la condición humana. Nos advierten con sus narraciones que la vida se reinventa día a día, quizás desde sus tragedias propias para apostarle a la alegría, a la felicidad que les es esquiva por momentos. Nos recuerdan que el exilio es de todos porque somos las generaciones de las múltiples violencias de un país que ha eternizado, por cuenta de unos pocos, las soluciones a las guerras históricas de nuestra nación con una guerra cruenta de más de 50 años entre las guerrillas y el Estado 1 .

Pero, ¿qué atenta contra la felicidad de María, Maye y Julián? Cada uno, como nosotros, lleva dentro sus miedos propios, pero también sus propias alegrías. Aquello que nos hace pararnos frente a la adversidad que muchas veces no se detecta dada la sutilidad con la cual se expresa: gestos y miradas excluyentes, no saludar ni acoger con un estrechón de manos, tal vez, la forma como se elevan los tonos de voz, peor aún, si se llama por el apellido y no por el nombre. Es eso que se siente…y resulta difícil de mencionar pero allí se encuentra, en las hendiduras de lo que pasa, como dice Julián: “…Me siento mal que a uno le digan: ¡ay! usted es un desplazado, como yo que soy desplazado; eso me da mucha tristeza. A pesar de eso, me gusta mucho el colegio.” 2

Y cala hasta los huesos escuchar, leer una y otra vez… a pesar de eso…expresión donde se guarda todo aquello que no es ni debe ser la escuela: la homogénea de cursos, llamadas a lista, firmas, observadores, planes de mejoramiento (¿qué mejorar?… si peor no se puede estar), izar banderas y ser parte del cuadro de honor (¿qué tipo de honor?), gritos que son órdenes y órdenes que son gritos, evaluaciones sin cesar, guías por doquier, obedece y repite, repite y obedece.

En los niños y las niñas la no diferencia se cifra y expresa en el uniforme, en las filas bien juntitas, en el orden al subir, bajar, sentarse, levantar la mano, hasta en el vagabundear del patio y en cualquier parte… Pareciera la exposición inmóvil de todos con todos y todas con todos y todas bajo una cultura indiferente creada en el espacio escolar. Por ello, y no pocos son los que afirman, que la escuela es conservadora por naturaleza. No hay cambios y si los hay difícilmente son detectables en el corto y mediano plazo.

Así, descrito lo que pasa en la escuela, resulta sobrecogedor en las niñas y los niños, las y los jóvenes víctimas del conflicto armado preferir el anonimato, enajenarse de su propia historia, refugiarse y protegerse de las y los otros resulta lo importante. Por ello, lo aquí expuesto por María, Maye y Julián nos alerta a todos, nos gritan con dignidad y valentía que son parte de la vida de la escuela y están dispuestos a enseñar a otros con su ejemplo, con su memoria que no es otra diferente al derecho de seguir viviendo para seguir su construcción propia y dicho sea de paso la construcción de todos.


1 Hoy son claves y esperanzadoras las apuestas en la implementación del acuerdo de PAZ entre la Guerrilla
de las FARC-EP y el gobierno de Juan Manuel Santos donde es esencial la participación de la sociedad
colombiana en su conjunto.
2 Relato de Julián.