Decolonizar la escuela: entretejiendo posibilidades para una educación alternativa

Alexander Ortiz Bernal

La escuela en occidente históricamente ha fundamentado su quehacer educativo y pedagógico sobre la base del paradigma mecanicista.  El conocimiento del mundo desde esa perspectiva es fragmentado y reduccionista, el todo se divide en partes con el propósito de conocer y analizar mejor el mundo. es así que el pensamiento a partir del siglo XVII se vuelve lineal, objetivista y dicotómico.  Este pensamiento eurocéntrico se convertirá en la base de control y de dominación social, así se impondrán verdades absolutas a través de sus instituciones, “arrastrando no sólo la “herencia colonial” de sus paradigmas sino, lo peor, contribuyendo a reforzar la hegemonía cultural, económica y política de Occidente”, Lander citado por Castro (2005, p.79).

De acuerdo con lo anterior, repensar la escuela, deconstruir los paradigmas existentes y decolonizar las estructuras jerárquicas de su organización, es una provocación para lanzarnos a formular un proyecto alternativo en educación, es dar paso a nuevas realidades.   Por supuesto un proyecto alternativo será una apuesta por la identidad y por la libertad, por el equilibrio y la armonía con el medio, un nuevo paradigma implicará “ver el mundo como un todo integrado más que como una discontinua colección de partes”, Capra (2012, p.28).

Repensar la escuela, significa leer críticamente todo lo que sucede a su alrededor.  Sin embargo, esa lectura no pasa por la constante y rica expresión de sus interlocutores: directivos, docentes, estudiantes y padres de familia no son artífices de sus propias transformaciones, se asume con tal docilidad y obediencia las realidades que el sistema ha impuesto, que las relaciones de vida, jerárquicas, autoritarias, excluyentes y depredadoras se presentan como verdades sociales absolutas y se aceptan como algo natural.

La realidad de la escuela nos ha sido impuesta a través de modelos y agendas políticas orientadas al control y a la dominación social, Najmanovich (2014, p.32) indica que  “dichos modelos de conocimiento positivistas suponen que el saber es una colección de verdades únicas y eternas, divididas en disciplinas que pueden ser transmitidas independientemente unas de otras, por medio de programas educativos, currículos y planes de estudio”, esa fragmentación de las disciplinas, afirma Martínez (2002, p.111), “nos vuelve a todos en cierto sentido, pasivos ante un mundo que se hace incesantemente más oscuro y arbitrario”.  En ese orden de ideas, si no despertamos y le damos sentido al sin sentido del sistema, continuaremos navegando a la deriva por los viejos paradigmas de la educación tradicional.

Repensar y decolonizar la escuela implica formación, conciencia política y pensamiento crítico para “aprender a ser uno mismo en relación con y contra su propio ser, lo que implica tener ética humana en y con el mundo”, (Freire citado por Walsh, 2013 p. 39). Cuando un proyecto educativo permita que tanto hombres como mujeres, individual y colectivamente, logren la posibilidad de expresión libre y espontánea, cuando se asuma la responsabilidad de pensar y reconocernos en el otro, y comprendamos la importancia de vivir en comunidad y en equilibrio con el medio, en ese momento participaremos del derribar de los muros del viejo paradigma.

Seguir pensando en una escuela reduccionista, con modelos empresariales donde “se le obliga a ser competitiva y se pone en marcha un verdadero culto a la eficacia y al rendimiento” (Laval, 2014 p. 252-253), es continuar perpetuando una escuela de individuos alienados y adaptados a la sociedad, reproductores de sus esquemas y estructuras de poder, es seguir abonando el camino para que el quehacer educativo se piense única y exclusivamente en términos productivos y de competitividad lo que supone caer en un pedagogismo vacío y estéril que no conduce a una reflexión crítica y liberadora de la sociedad. Gutiérrez (2013).

Repensar y deconstruir la escuela es una invitación a desaprender y a volver a aprender,  decolonizar la escuela nos debe llevar a la búsqueda permanente de un sentido otro, de un conocimiento otro y de unas pedagogías otras, de acuerdo con Fanon citado por Walsh (2013 p.43) “todo proceso de descolonización es una forma de (des)aprendizaje: desaprender todo  impuesto y asumido por la colonización y deshumanizarnos para aprender a ser  hombres y mujeres. La descolonización sólo ocurre cuando todos individualmente y colectivamente participan en su derribar, ante lo cual el intelectual revolucionario –Como también el activista y el maestro– tienen la responsabilidad de participar activamente en su “despertar”.

En esa perspectiva es importante dar el giro hacia la posibilidad de abordar  una nueva educación, una educación pensada y reflexionada en el ser humano, de acuerdo con Gutiérrez (2013 p.63), un proyecto alternativo responde a la transformación radical de los sistemas de enseñanza, igualmente expresa que esa transformación debe dar paso a una nueva cultura alternativa escenario para el devenir de histórico de un nuevo ser humano”.

Hay quienes afirman que ese giro difícilmente podrá emerger desde la misma escuela, en ese sentido Gutiérrez (2013 p.64) indica que “sólo una transformación del sistema económico, político y social podrá desembocar en un sistema escolar diferente”, una trasformación de esas magnitudes supone todo un movimiento social y la incorporación de una nueva conciencia capaz de generar nuevas dinámicas  que sólo se pueden dar con la recreación de un nuevo orden social, “el cambio de paradigma,  incluye por tanto el cambio de jerarquías a redes de organización social”. Capra (2012 p.32)

Decolonizar la escuela es explorar nuevas posibilidades, permitir una nueva concepción alternativa de la educación implica ver  y reconocer la escuela como un escenario emocional,  vivo, ecológico y aprendiente, donde el objetivo no sólo sea aprender a SER, sino llegar a SER tanto en lo individual como en lo colectivo.

Por otro lado, el discurso decolonizador que responde a un ideal emancipatorio no puede convertirse en un nuevo escenario de colonización. Un proyecto educativo alternativo es una escuela diferente, libertaria, libre pensante, dialogante, respetuosa de las relaciones y de los procesos de aprendizaje, que propende por nuevas oportunidades.   Esa escuela sólo será posible siempre y cuando nos apartemos de los paradigmas tradicionales y nos lancemos a explorar y a construir nuevas posibilidades.

Repensar la escuela no es una acción exclusiva del maestro, es responsabilidad de todos, pero como educadores tenemos la responsabilidad de producir ese acercamiento y plantear cuestiones cada vez más profundas. Estudiantes, directivos, padres de familia y sociedad civil en general estamos llamados a participar activamente en ese nuevo despertar.

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Referencias

  • Capra, Fritjof. (2012). La trama de la vida. Una nueva perspectiva de los sistemas vivos. 3ªEd. Barcelona: Anagrama.
  • Castro-Gómez, Santiago. (2005). La hybris del punto cero. Ciencia raza e Ilustración en la Nueva Granada (1750-1816). Bogotá: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.
  • Gutiérrez, Francisco. (2013). Educación como praxis política. 9º ed. México: Siglo veintiuno editores.
  • Laval, Christian. (2004). La escuela no es una empresa (1ª. Ed), Barcelona, España: Paidós Ibérica.
  • Najmanovich, Denisse. (2015) El cambio educativo: del control disciplinario al encuentro comunitario. Buenos Aires. Argentina: Editorial Biblos
  • Martínez Míguelez, Miguel. (2002). El paradigma emergente. Hacia una nueva teoría de la racionalidad científica. México: Trillas.
  • Walsh, Catherine. (2013). Pedagogías decoloniales: Prácticas insurgentes de resistir, (re)existir y (re) vivir. 1ª Ed. Quito, Ecuador. Ediciones Abya-Yala.