Inclusión o Exclusión en el aula regular de estudiantes con discapacidad cognitiva

Ana Patricia Ordóñez Olmos

Para iniciar este artículo, es importante hacer un reconocimiento a la labor docente, que día a día, debe responder a la dinámica global en busca de estrategias pedagógicas, orientadas al mejoramiento de las didácticas de enseñanza y enfocadas a suplir las necesidades propias de nuestros estudiantes, velando por su desarrollo y formación integral.

Sin embargo, cuando nos enfrentamos a nuevos retos, debemos ser conscientes que es importante hacer un alto en el camino y realizar una reflexión analítica de nuestra práctica docente para no pasar indiferentes ante los cambios sociales, la diversidad de población, las diferentes capacidades e intereses que tienen los estudiantes en un mismo espacio pedagógico, de tal manera que podamos garantizar una participación activa e integradora, como un nuevo reto a nuestra labor. Esta muchas veces puede ser insuficiente, cuando no contamos con el apoyo institucional o gubernamental, que nos brinden las herramientas necesarias para propiciar ambientes escolares, para hacer un aula incluyente, y no caer en el error por desconocimiento, en una exclusión en la misma aula.

Partiendo de esta reflexión, e indagando al respecto, pude comprender que significa la llamada “aula inclusiva”, término que se adoptó para referirse a la diversidad de estudiantes que encontramos en un salón de clase. De acuerdo con el Ministerio de Educación Nacional (Colombia Aprende, 2006, p. 30-31) un derecho que tienen los estudiantes con Necesidades Educativas Especiales, a ser tratados en igualdad de condiciones y oportunidades, a partir del principio de equidad. Haciendo alusión al derecho fundamental a la Educación, consagrado en la Constitución Política (1991), la Política Pública para las NEE expidió el Decreto 2082 de 1996, el cual plantea que “el Estado debe garantizar el acceso, la permanencia y la promoción de los niños, niñas, jóvenes y adultos con NEE a todas las modalidades que ofrece el Servicio Público Educativo”.

Consecuente con lo anterior, pensando específicamente en mi desempeño como docente de lenguaje, concebía el aula como un espacio físico que era propicio para promover aprendizajes, sin tener en cuenta que tenía un grupo de estudiantes con características y capacidades de aprendizaje diferentes; específicamente me refiero a los estudiantes con discapacidad cognitiva; siendo esta la razón, por la cual, no lograba alcanzar su participación activa durante el desarrollo del proceso de aprendizaje, ni mucho menos conseguir los aprendizajes esperados, porque los planteaba de manera general, asumiendo que todos los estudiantes eran de una misma arcilla (capacidades), que yo podría moldear bajo un mismo modelo (estándares), con el fin de construir un muro (conocimiento), donde todos los ladrillos encajaran exactamente, de tal forma que fuera el diseño perfecto para ser evidente ante los demás (labor docente reconocida). Cuando en realidad, estaba siendo excluyente.

Consciente de esta situación, decidí indagar sobre el tema de la discapacidad cognitiva. Esta se entiende como una Necesidad Educativa Individual, que tiene que ver con las diferentes capacidades, intereses y ritmos de aprendizajes de cada estudiante, que determinan su proceso educativo. A diferencia de otro tipo de necesidad, esta discapacidad puede ser atendida adecuadamente dentro del aula regular, haciendo uso de estrategias pertinentes como: implementar el trabajo cooperativo entre los estudiantes como una estrategia de integración e interacción para potenciar las habilidades sociales; utilizar materiales diversos y concretos, por ejemplo visuales como la imagen a color, para captar la concentración de los estudiantes y que los estimule para el desarrollo de actividades de lectura y escritura; además, se debe pensar en la adaptación del macro-currículo para que sea amplio, flexible e incluyente, y a su vez, que sea evidente en el micro-currículo, es decir, en el plan de aula, de tal manera que se proyecte en una buena práctica de aula.

Finalmente, puedo afirmar que la reflexión sobre mi propia práctica de aula, vista como una autoevaluación, me permitió identificar situaciones que no favorecían el aprendizaje significativo, con estudiantes en condición de discapacidad cognitiva, quizás porque no tenía el conocimiento suficiente al respecto, lo que me motivó a indagar e investigar sobre el tema, y así replantar mi práctica pedagógica, pensando siempre en el bienestar de los estudiantes, sin importar su condición, ya que son la razón de ser de nuestra labor.

Referencias

 Ministerio de Educación Nacional (2006). Fundamentación Conceptual para la atención en el servicio educativo a Estudiantes con Necesidades Educativas Especiales NEE. Bogotá, Colombia.

 Ministerio de Educación Nacional (2006). Orientaciones pedagógicas para la atención educativa a estudiantes con discapacidad cognitiva. Bogotá, Colombia.