Reflexiones sobre la relevancia de las ciencias sociales

Alejandro González Celia

Para realizar esta reflexión tomo como punto de inicio dos hechos concretos: primero, de la última promoción de estudiantes que ingresaron a la maestría en educación en nuestra facultad solo uno manifestó interés en hacer su énfasis en pedagogía de las ciencias sociales. Segundo, los cursos disciplinares con menos estudiantes en la maestría en profundización son los de conocimientos y didácticas en ciencias sociales.  Este hecho nos obliga tanto a profesores como estudiantes interesados en esta disciplina a reflexionar sobre la relevancia de la misma no solo en nuestra facultad, sino en las aulas de clase a las que asisten los niños y niñas del país diariamente.

Considero que un elemento que ha contribuido a que se le reste importancia al estudio de las ciencias sociales tiene que ver con el énfasis que se ha hecho en las pruebas estandarizadas, específicamente en las pruebas Saber.  De acuerdo con el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación – ICFES – el propósito de estas evaluaciones es contribuir “al mejoramiento de la calidad de la educación colombiana mediante la realización de evaluaciones periódicas del desarrollo de competencias de los estudiantes de educación básica.” (ICFES, 2017, p 1).  Sin embargo, el esquema usado para aplicarlo estipula que SIEMPRE se deben evaluar las áreas de lenguaje y matemáticas, mientras que las pruebas de ciencias naturales y de competencias ciudadanas (las que se relacionan con ciencias sociales) se harán alternadamente.  Este no es el espacio para discutir sobre la pertinencia o no de las evaluaciones estandarizadas en general o las pruebas Saber en particular, sin embargo el exagerado hincapié que docentes y directivos hacen en su relevancia debido a presiones externas, que llegan a incluir el condicionamiento de la asignación de los recursos económicos dependiendo de los buenos resultados que obtengan han llevado a que en las escuelas se brinde más relevancia al aprendizaje de conocimientos y el desarrollo de habilidades en matemáticas y lectoescritura, dejando de lado la enseñanza de las ciencias sociales y llevándolas a ser una clase más que debe cumplirse, pero que no tiene relevancia porque no se está evaluando.

Otro elemento que puede aportar a la falta de interés en las ciencias sociales puede estar relacionado con la forma en que se aborda su enseñanza en las aulas: de una manera tradicional, memorística y casi sin relación con lo que debería ser su objeto de estudio: la realidad del estudiante.  Los profesores de ciencias sociales seguimos anclados a la idea de que debemos enseñar contenidos, temas, que se traducen en fechas, capitales, hechos importantes y nombres de héroes patrios, pero no hemos logrado que nuestros estudiantes puedan “entender el porqué y el para qué de estos conocimientos; es comprender el quehacer de los científicos en las ciencias sociales” (MEN, 2017, p. 8) lo que es en últimas el propósito último de nuestra clase.  Aunque los profesores de ciencias sociales sabemos que lo que debemos buscar es formar a nuestros estudiantes como científicos sociales no tenemos muy claro a qué nos estamos refiriendo con eso y como consecuencia seguimos pensando que entre más “sepan” nuestros alumnos de historia o geografía o entre “mejor se porten en clase” saben más de sociales o son mejores ciudadanos.

Los dos elementos anteriores se combinan para producir una situación que se refleja en los hechos con los que comencé este artículo, las personas cada vez encuentran menos importante el aprender ciencias sociales pues no se evalúa y el conocimiento que se ofrece es memorístico, sin relación con las experiencias personales.  Sin embargo, esa situación es un reto que debemos afrontar desde las aulas; olvidarnos de la idea de que tenemos que “enseñar” ciencias sociales (ya sea para responder una prueba estandarizada o para llenar de contenidos históricos o geográficos las cabezas de nuestros alumnos) y más bien reflexionar sobre las palabras de Matthew Lipman, quien nos invita a lo siguiente:

“En vez de insistir en que la educación es un tipo especial de experiencia que sólo pueden proporcionar las escuelas, deberíamos decir que cualquier cosa que nos ayude a descubrir el sentido de la vida es educativa, y las escuelas son educativas sólo en la medida en que facilitan tal descubrimiento.” (1998, p. 55)

En concordancia con lo anterior, Siede nos recuerda a los profesores de ciencias sociales que el propósito fundamental de nuestra materia es ayudar a nuestros estudiantes a “acercarse a la realidad social para comprenderla y para poder formar parte de ella” (Siede, 2010, p. 29).  Por lo tanto, la invitación es recuperar esa relevancia de las ciencias sociales en las aulas a partir de la reivindicación del propósito fundamental de las disciplinas que las conforman: ayudarnos a comprendernos a nosotros mismos, lo cual no puede ser ni evaluado de forma estandarizada ni limitado a un contenido temático por bimestre.

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Referencias:

  • ICFES, (2017). Información de la prueba saber 3o., 5o. y 9o. Recuperado de: http://www.icfes.gov.co/instituciones-educativas-y-secretarias/pruebas-saber-3-5-y-9/informacion-de-la-prueba-saber3579 (20 de febrero)
  • MEN, (2017). Cómo formar científicos sociales y naturales. Recuperado de http://www.mineducacion.gov.co/1621/article-87437.html (20 de febrero).
  • Lipman, M. (1998). La filosofía en el aula. Ediciones de la Torre, Madrid.
  • SIEDE, I. Coord. (2010.) Ciencias Sociales en la Escuela, criterios y propuestas para la enseñanza. AIQUE Educación, Buenos Aires.