Reinventando la lectura en las aulas de primaria

Gina Liseth Uribe

 

El ejercicio de ser docente en lenguaje, en mi caso sin la capacitación constante por más de diecinueve años, puede provocar que la idea de ser idónea en lo que se hace pase a ser solo un sueño, a tal punto que el ejercicio de promover aprendizajes en el aula sea más un concepto abstracto que una acción pedagógica.

Sin una constante reflexión, las metodologías se tornan totalmente tradicionales y se olvidan las didácticas que involucran al estudiante. Se olvida que más allá de tener el control de un grupo de estudiantes, se está allí para ser guía y provocar construcción, descubrimiento, opinión, juicios, rechazo, dudas, participación, reestructuración de conceptos ya aprendidos, nuevas habilidades, capacidad de expresión crítica con fundamento.

Llegado a este punto, encontré la salida al estancamiento en lo que hago a través de la formación: desperté y volví a encontrar sentido a la profesión que elegí  por vocación y no por ocasión. De esta manera,  nací de nuevo en la provocación de aprendizajes. Reestructuré  mi concepción del lenguaje y logré entenderlo como el ser de mis estudiantes, la capacidad que tienen de comunicarse, de poder expresar sus ideas y darse a escuchar al mundo, construyendo su propia visión y asumiendo una posición y postura creativa frente a él.

Por esta razón, me hice un llamado sobre mi labor, para descubrir que el estudiante merece de sus docentes una orientación a una lectura crítica, apoyado en la información que le aporta el texto y que le permita encontrar o rechazar las predicciones o inferencias que hace del texto (Solé, 2016).

Ahora los estudiantes de primaria, bajo mi guía, tienen el reto de tomar un texto y sumergirse en el contenido para desarrollar un proceso constante de verificación de sus saberes previos, que los llevará a una construcción de la comprensión del mismo, en medio de la predicción, verificación y la construcción de su propio juicio (Solé, 2016) que, a su vez, les permitirá rescatar información y quedarse solo con aquella que replantea con sus conceptos.

Aclaro que esta habilidad no se logra simplemente con enseñarles el código alfabético hasta que logren leer. Es necesaria la orientación y guía del docente en la consecución de estrategias de lectura que lleven al estudiante a enriquecer los aprendizajes y a disfrutar de lo que lee. El docente está llamado a ser el modelo que formula predicciones, confirma hipótesis  o busca desecharlas con justificaciones claras para los estudiantes. La interacción en las clases donde se experimenten procesos de lectura guiada con análisis de las mismas, con estudiantes activos, que logran construir y expresar sus inferencias y conclusiones, es el punto de inicio para que ellos construyan sus propias estrategias de comprensión crítica de lo que ven, oyen y leen.

Así pues, la lectura debe ser una experiencia desde la que se diseñan situaciones de aprendizaje para que los niños vivan prácticas que les permiten expresar emociones, pensamientos, opiniones, un espacio hecho para el diálogo. Se trata de convertir al alumno en un lector activo que infiere, predice y construye su comprensión mientras lee, fomentando el aumento de  la atención, fortaleciendo las aptitudes de escritura, habla y escucha, incrementando el vocabulario, estimulando la memoria y la curiosidad, agudizando la observación y la imaginación, mejorando el pensamiento crítico y creativo, la comprensión, expandiendo el conocimiento, desarrollando una actitud positiva hacia los libros como fuente de placer y permitiendo, así, el ingreso de los niños en el mundo de la lectura.

De esta forma, mi trabajo y el de mis colegas en las aulas es retador, pues como docentes debemos interesarnos por activar diferentes y variadas actividades que le permitan al estudiante descubrir la lectura como una construcción y no como una imposición. Según las situaciones y objetivos de la clase, la estimulación debe nacer desde los primeros años de escolaridad con el propósito de que se avive una comprensión crítica y vaya perfeccionándose sin presiones, de manera motivada por el propio niño a través de su crecimiento en la escuela y en su contexto.

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Referencias

Solé, I., (2006). Estrategias de lectura. Barcelona: Ed. Grao.