Sobre el desarrollo humano, la escuela y el papel del maestro

Autor: Nelson Javier Torres Herrera

“Conocer el mundo significa ante todo conocer la casa en que vivimos, sus senderos, su jardín. Porque si es cierto que todas las casas y todos los senderos y todos los jardines componen el mundo, también es cierto que el mundo se despliega para encontrar un lugar total en cada casa, en cada sendero y en cada jardín. Toda la inmensidad está contenida en lo pequeño. Lo pequeño no es otra cosa que la inmensidad a escala humana.” Manfred Max-Neff (1932…)

“Nadie educa a nadie. Nadie se educa solo. Los seres humanos nos educamos entre sí mediatizados por la transformación del mundo”. Freire (1921-1997)

¡Señoras y señores!, ¡pasen!, ¡que se enciendan las luces!, ¡abran bien sus ojos!, ¡un show nunca antes visto!, ¡ríos de cenizas!, ¡cielos de concreto!, ¡fuego de hielo!, ¡suelos sin tierra!; ¡un pasado sin esperanza!, ¡un presente sin memoria! y ¡un futuro sin sueños!,… ¡pasen!, ¡las aulas están vacías!, ¡los cuadernos a reventar!, ¡las matemáticas que no tienen alma!, y para aquellos que jamás conocieron su lengua materna: ¡clases de español y de inglés!,…¡ya están aquí!, ¡unicornios azules!, ¡dragones que cantan!, ¡maestros que no creen en el futuro! y ¡niños siempre interrumpidos!…¡El insensible en la silla de la reina!, y ¡la señora injusticia sentada en el trono del rey!…  ¡pasen!, ¡Sean todos ustedes bienvenidos a la bien llamada por Galeano: escuela del mundo al revés!¹

Tal cual como un científico puede comprobar que en una sola molécula de ADN puede haber tantos átomos como estrellas en una galaxia, un maestro puede encontrar en las cuatro paredes que delimitan físicamente su clase, un ejemplo de la problemática global por la que atraviesa hoy por hoy la humanidad. Ya lo decía Luengo (1993) “una escuela, considerada como institución educativa, es el reflejo constante y variante de la sociedad que nos rodea” (p.7). Basta con echar un vistazo a lo que sucede en una jornada regular de clase en una institución educativa, para evidenciar la degradación humana y la crisis de los valores humanos por la que atraviesa actualmente el mundo.

Vale la pena mencionar que esta crisis ha sido provocada por la ambiciosa idea de progreso, concebida por la capacidad de crecimiento material y económico. En medio de nuestro afán por producir y consumir cada vez en mayores proporciones, hemos degradado insensiblemente el planeta Tierra, subvalorando el crecimiento espiritual² del ser humano, reduciendo sus principios y valores a las lógicas de un sistema económico imperante.  La competencia y el individualismo se han convertido en leyes universales. Se ha naturalizado un sistema donde: el más apto es el más competitivo, el mejor es el que más tiene, el que más produce, el que más consume.

Frente a esta lógica, tal cual como lo afirma Althuser (1969), la escuela, la iglesia, y los medios de comunicación, son los aparatos ideológicos de Estado encargados de sostener, justificar y reproducir el sistema; y dentro de él, los maestros aparecen como los principales sujetos usados para la reproducción social de la cultura dominante. De acuerdo con Manfred Max-Neff (1986), “lo pequeño no es otra cosa que la inmensidad a escala humana” (p.183). Por lo tanto, la escuela y los conflictos que dentro de ella ocurren, no son más que una parte de un todo llamado capitalismo global (Diez, 2009).

El conocimiento de esta problemática, planteada en estas líneas, grosso modo, debe ser una responsabilidad ética de todos los maestros. Ante la crisis humana que se evidencia tanto a nivel global como a nivel local, el maestro no debe ser indiferente,  pues ya lo decía Freire (1990): “Lavarse las manos en el conflicto entre los poderosos y los desposeídos no significa ser neutral, sino colocarse al lado de los poderosos.” (p. 129). Permanecer imparcial frente a los hechos que agudizan la degradación humana en la escuela y peor aún realizar acciones que la reproducen es un crimen contra la humanidad, contra la vida misma.

En otras palabras, los maestros debemos estar en la capacidad de concebir la práctica educativa como un punto en el espacio y el tiempo, que además de ser consecuencia de una serie de eventos cósmicos, históricos, políticos, económicos y socio-culturales, es también la causa de los hechos venideros. No es suficiente que un maestro entienda la influencia de los factores que configuran su quehacer, es necesario que también tenga conciencia del inmenso poder de transformación que tienen sus acciones para consigo mismo, los demás y su entorno.

En consecuencia, la práctica del maestro no debe estar aislada de las problemáticas y necesidades del contexto en el que se desarrolla. De hecho, su práctica educativa debe tener una intención clara a favor de la construcción de lo humano. Es decir, el maestro debe ser consciente de que nacer humano no implica ser humano, que es necesario llegar a serlo y que esto únicamente se logra por aprendizaje colectivo, en el encuentro con el otro. De acuerdo con Assmann (2002) “las biociencias nos han ido mostrando que la vida es, esencialmente, aprender, (…). Parece que se trata realmente de un principio más amplio relacionado con la esencia de “estar  vivo”, que es sinónimo de estar interactuando, como aprendiente (…)” (p.35).

Dicho de otra manera,  nuestra práctica –la de los maestros-  debe tener una intención humanizadora, debe subvertir la cultura de la escuela del mundo al revés, esa que constantemente interrumpe la infancia de los niños, que niega su existencia y les condiciona para apropiar y reproducir los tres principales factores que obstaculizan su desarrollo verdaderamente humano: el antropocentrismo, el consumismo y la insensibilidad (Boff , 1996).

Así, la actual crisis de lo humano demanda prácticas educativas que humanicen desde nuevas perspectivas o marcos teóricos, que además de reconocer la importancia de la sensibilidad cognitiva del niño, den lugar a la sensibilidad del gozo, esa que hace referencia a las sensaciones y que no es reductible a un contenido de conciencia (Navarro, 2007). “El  ambiente  pedagógico tiene  que  ser  un  lugar  de  fascinación  e  inventiva:  no  inhibir  sino  propiciar  la  dosis  de  ilusión  común,  entusiasta  requerida  para  que  el  proceso  de  aprender  se  produzca  como  mezcla  de  todos  los  sentidos”  (Assmann,  2000,  p.28)

Para finalizar, ¡Señoras y señores!, ¡el telón se abre ante mis ojos!, la escuela y en particular nuestra clase será el escenario propicio para la construcción de comunidad y de alteridad. Me encuentro expectante ante un show nunca antes visto, cada rostro representa  un legado de historia, que en mis clases pretendo motivar, ¡que el pasado y el presente se unan para la posibilidad del cambio!, ¡que se retiren las huellas de dolor y se renueven con la esperanza de un mañana mejor!, ¡que el conocimiento se transforme en sueños por alcanzar! ¡El aula se llenará de amor y esperanza!, ¡las matemáticas serán una excusa!, ¡la vida dejará de ser una incógnita para convertirse en una realidad!, ¡los números no serán sólo una cantidad, representarán unidad!

¡Pasen!, ¡Pasen!… ¡Las letras entintadas en cada hoja de cuaderno, revelarán la magia de aprender!, ¡los conocimientos danzarán al compás del cuerpo y el corazón! ¡Aquí están!, ¡para todos ustedes!, ¡maestros que viven su sueño!, ¡niños con rostro que sueñan y aprenden!, ¡no existen reyes ni tronos! ¡Sean todos ustedes bienvenidos a la escuela del mundo como debe ser!

 

¹ Inspirado en el pregón de La Escuela del Mundo al Revés de Eduardo Galeano.

² Espiritual de espiritualidad que es la actitud que pone la vida en el centro, que defiende y promueve la vida contra todos los mecanismos de disminución, estancamiento y muerte. (Boff, 2012).

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Referencias

  • Althusser, L. (1970). Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Freud y Lacan. Traducción 1988. Editorial Nueva Visión. Buenos Aires, Argentina.  Assmann, H. (2002). Placer y Ternura en la Educación. Hacia una sociedad aprendiente. Madrid, España. Narcea S.A de ediciones
  • Boff, L. (1996). Ecología: Grito de la Tierra, Grito de los pobres. Madrid: Editorial Trotta.
  • Boff, L. (2011). Educar para celebrar la vida. Servicios Koinonia 1 septiembre 2011
  • Rescatado de: <http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=451> [23de Octubre de 2016]
  • Boff, L. (2012). Sobre la espiritualidad ¿Es el universo autoconsciente y espiritual? Revista: Cultura de paz. Managua, Nicaragua. N° 58. Septiembre – Diciembre 2012 ISSN 22199381
  • Rescatado de: http://www.lamjol.info/index.php/CULTURA/article/view/1042/872 Fecha: 20 de Octubre de 2016. Hora: 7:00 pm
  • Diez, G. (2009). Globalización y educación crítica. Cap. La Educación en la Época Neoliberal. Ediciones Desde Abajo, Bogotá. (P.195-252)
  • Freire, P. (1990). La naturaleza política de la educación. Cultura, poder y liberación.  Barcelona, Buenos Aires, México: Ediciones Paidós.
  • Galeano, E. (2009).  Patas Arriba. La Escuela del Mundo Al Revés. Cap. 1. Madrid, España. Edición Sombraysen.
  • Luengo, J. (1993). La Escuela de la Anarquía. Móstoles, Madrid. Ediciones Madre Tierra
  • Max-Neef, M. (1986). La Economía Descalza. Estocolmo, Buenos Aires, Montevideo. Editorial Nordan
  • Navarro, O. (2007). El «rostro» del otro: Una lectura de la ética de la alteridad de Emmanuel Lévinas. Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, vol. XIII (2008), pp. 177-194. ISSN: 1136-4076