Sobre el primer encuentro interno del énfasis en pedagogía de las Ciencias Sociales

Autoría: Coordinación del Énfasis en Pedagogía de las Ciencias Sociales

Dos años atrás la prensa mundial informó que el Ministro de Educación Cultura y Deportes del Japón Hakubun Shimomura propuso eliminar o disminuir la enseñanza de las áreas de humanidades en los programas de formación universitaria; la propuesta tuvo bastante acogida y fue aplicada en más de una veintena de las 86 universidades de ese país. En Colombia la noticia también suscitó un corto debate, principalmente entre los académicos que mayor visibilidad mediática tienen; pero una vez el tema salió de la agenda de los  medios, no se habló más del asunto. Por otro lado, en los procesos de inscripción y matrícula, hablando de los postgrados en educación, se observa que siempre es menor el número de aspirantes a profundizar sus conocimientos y a desarrollar investigación en temas relacionados con la pedagogía de las ciencias sociales.

Como apoyo a la reflexión en las distintas asignaturas del énfasis, en las sesiones de los†colectivos de investigación, y en otras cátedras relacionadas con esta área, las caules se imparten en la Maestría en Educación que ofrece el Externado de Colombia, se realizó el pasado mes de abril el Primer Encuentro Interno del énfasis Énfasis en Pedagogía de las Ciencias Sociales, al que fue invitado el académico Jairo Antonio Rodríguez, sociólogo, economista, máster en economía y ciencia política, y doctor en ciencias sociales de la Universidad de Buenos Aires.

La intervención del profesor Rodríguez, frente a estudiantes y profesores de la maestría que asistieron al encuentro se podría sintetizar así: históricamente, en Colombia, la enseñanza de las Ciencias Sociales ha sido reducida a transmisión y memorización de datos y figuras de próceres, o de gestas y epopeyas que, la mayoría de las veces, solo hallan lugar en la imaginación. Esto debido al estigma, que viene del siglo XIX, de que profundizar en la enseñanza de la historia, la economía, la antropología, la sociología, la geografía o la política, pueda derivar en comunismo o rebelión. A ello se debe, en buena parte, la poca capacidad de análisis, de reflexión y de critica que cunde entre un alto porcentaje de la ciudadanía, en un país que tiene los más altos índices de desigualdad en la región, y en donde las violencia física, el despojo, el asesinato, el desplazamiento forzado y la exclusión social de grandes capas de la población, han sido práctica política común, bien sea para gobernar o e inclusive para estar en la oposición.

El modelo de educación conservador que impuso la religión, y en parte la gramática, como base fundamental de construcción de la nación, luego de la derrota de los liberales radicales en la Guerra de los Mil Días, se prolongó hasta bien entrado el período conocido como la República Liberal. Con las reformas de laicización de la educación, que introdujo el gobierno de López Pumarejo, se intentó romper con el modelo implantado por los gobiernos de la Regeneración, pero pudo más la violencia, espoleada por el fanatismo político y religioso del momento, y ello marcó la historia de Colombia hasta hoy, cuando estamos presenciando como los insurgentes de las FARC abandonan la lucha armada y, algunos de ellos, se disponen a dar paso de la guerra a la política.

Las largas siete décadas de violencia política contribuyeron para que, tanto en los planes de estudio de la educación básica como en el desarrollo de la formación en las ciencias sociales en los diferentes programas de educación superior, se intentar a siempre apaciguar el pensamiento crítico y  la discusión de los asuntos políticos. Con el agravante que, cuando en algunos centros universitarios se lograba fomentar el análisis y la crítica de las condiciones económicas, sociales y políticas del país, en muchas ocasiones se hacia desde lecturas y posturas en extremos tan radicales que lo único que lograban era promover más violencia; además, sirviendo eso de móvil para que la protesta social fuera criminalizada por los sucesivos gobiernos.

El balance que nos deja este Primer Encuentro Interno es que nos urge, como país, contar con profesores formados en la investigación y la enseñanza de las ciencias sociales, que contribuyan a educar para el pensamiento crítico, por dos razones fundamentales, entre otras: i) el déficit de democracia y la debilidad institucional del Estado, que se producto no solo de las crisis de representatividad de los partidos políticos o de los cada vez más enormes casos de corrupción y asalto a los dineros públicos, sino por la ausencia de una ciudadanía activa y vigorosa que se manifieste más allá del sufragio. ii) Porque, en medio del escepticismo generalizado y de una fuerte oposición, impregnada con tintes de fanatismo religioso, gobierno y guerrilla firmaron los acuerdos  de finalización del conflicto armado. Y esto significa, para el país entero, la oportunidad de que la escuela en Colombia, en todos sus niveles, logre a futuro cumplir con el compromiso de formar ciudadanos y sujetos políticos, preparados para la reflexión, el análisis y el debate civilizado de las ideas frente a las diferentes problemáticas que tenemos pendientes por solucionar.