Portafolios como materiales para el desarrollo de la escritura en una segunda lengua

Por: Por Oscar Fernando Abella Peña

Un aspecto del aprendizaje y la enseñanza del inglés que siempre me ha inquietado como maestro tiene que ver con el material que se implementa y si este permite alcanzar los objetivos de la clase. Creo que el problema radica en que no es fácil establecer las características que debe tener el material para que, al mismo tiempo, motive al estudiante y aporte a su proceso cognitivo. Básicamente, los materiales son definidos como casi cualquier cosa que contribuya con los procesos de aprendizaje de los estudiantes (Tomlinson, 2011). Pero difícilmente un maestro puede de manera intuitiva definir cuáles son las características que el material debe tener, se requiere de todo un análisis de la población, las necesidades, el contexto, el nivel de inglés, entre otros, para tener la certeza de que el material es acertado.

Durante varios años me rehusé a utilizar guías o libros de texto porque los consideraba fuera de contexto, y porque siempre me dio mejores resultados enfocarme más en la producción de los estudiantes que en la manera como yo les presentaba los contenidos. Siempre me centraba en cómo ayudar a los estudiantes para que sus producciones escritas y orales fueran adecuadas a partir de la evaluación y la realimentación. Al incluir libros de texto o guías con respuestas predeterminadas, limitaba las posibilidades que ofrece una lengua en cuanto a las diferentes maneras en que se le puede aprender. Adicionalmente, me interesaba más qué y cómo necesitaban aprender los estudiantes que lo que los estándares dictaran. Tal como lo asegura Núñez (2010), al tener en cuenta las necesidades y las voces de los estudiantes, los profesores pueden considerar qué y cómo necesitan aprender los alumnos.  Mi reflexión en este sentido era que los libros de texto estaban alineados con los diferentes estándares y condicionarían mis clases y a mis estudiantes.

Gracias a un estudio de investigación que llevé a cabo con estudiantes de grado séptimo, logré descubrir, no solo que yo venía desarrollando materiales desde hacía varios años, sino que también existe sustento teórico para cada una de las decisiones que había tomado en términos de los elementos que incluía en mi clase. Dicho sustento está enmarcado dentro del desarrollo de materiales, el cual es un campo que estudia las reglas y las acciones propicias para diseñar, implementar, y evaluar materiales para la enseñanza de la lengua. También es una práctica que incluye la producción, evaluación y adaptación de dichos materiales (Tomlinson, 2013). Esto quiere decir que, de alguna manera, muchos maestros desarrollamos materiales con características que ya han sido descritas y categorizadas, sin estar conscientes de que ya existe literatura al respecto. Nuestros aciertos y desaciertos pudieron haber sido fácilmente previstos si de antemano hubiéramos conocido los resultados de estudios relacionados con lo que hacemos en clase, y la teoría que hay detrás del desarrollo y la adaptación de materiales.

Un problema que siempre observé y cuyas razones solo comprendí después de mi intervención pedagógica, es que muchos maestros no reflexionan sobre los materiales que implementan. Por ello, las prácticas pedagógicas de las clases de inglés en los entornos en los que me he desenvuelto como docente, parecieran estar estancadas y casi se vuelve predecible el material que allí se implementa. Sin embargo, es fundamental que los docentes investiguen sobre el desarrollo de materiales (Tomlinson, 2012) ya que no solo beneficiarán a sus estudiantes con contenidos más significativos y enriquecedores, sino que también darán un nuevo aire a sus prácticas.

Considero que la mejor manera de invitar a mis compañeros a que reflexionen, indaguen y desarrollen materiales contextualizados, es compartir mi experiencia. Gracias a esta práctica cambié mi perspectiva en cuanto al desarrollo de guías y diseñé un portafolio que atendiera a las necesidades e intereses tanto de mis estudiantes, como las mías. Durante mi intervención enfoqué los materiales hacia el desarrollo de habilidades para la escritura argumentativa. Por un lado, la escritura es la habilidad de entender textos desde el contexto, interpretarlos y explicarlos de manera comunicativa. Esta definición está en concordancia con la definición de alfabetización dada por Wray (2004). La argumentación por su parte es el intento de soportar puntos de vista con razones claras (Weston, 2009). De manera que las habilidades argumentativas son las habilidades para escribir y comunicar una idea en la que los elementos de la argumentación son articulados de manera adecuada.

Este parecía un objetivo ambicioso por lo complicado que puede resultar desarrollar habilidades argumentativas en inglés a una edad tan temprana. Sin embargo, de acuerdo con los Common Core Standards, en el grado sexto los estudiantes pueden crear textos argumentativos con evidencia clara y razones organizadas (Council of Chief State School Officers and the National Governors Association Center for Best Practices, s.f). Adicionalmente, el diseño de los materiales que desarrollé facilitó que los objetivos se cumplieran ya que diseñé portafolios, los cuales, de acuerdo con Delett, Barnhardt, and Kevorkian, (citado por Lo, 2010) describen el conocimiento y las habilidades de los aprendices, y une la instrucción y la evaluación. Los portafolios también permiten a los docentes observar el progreso de los estudiantes, y los motiva a reflexionar y participar. Estos portafolios cumplían con los seis principios para la adquisición de una segunda lengua, propuestos por Tomlinson (1998) ya que incluyeron un contenido atractivo, hizo que los estudiantes se sintieran relajados, eran pertinentes y valiosos, favorecían las emociones de los alumnos, involucraban a los estudiantes a nivel intelectual, artístico y emocional, y ofrecían la oportunidad de recibir realimentación.

Los resultados demostraron que un adecuado diseño, un contenido pertinente y de interés para los estudiantes, una información organizada y adecuada y unas actividades apropiadas, todo contenido dentro de un portafolio diseñado por el docente, favorecieron el desarrollo de habilidades argumentativas escritas en estudiantes de grado séptimo en un colegio público de Bogotá.


Referencias

Council of Chief State School Officers (CCSSO) and the National Governors Association

Center for Best Practices (NGA Center). (n.d.). English language arts standards, writing, grade 6. Retrieved from: http://www.corestandards.org/ELA-Literacy/W/6/#CCSS.ELA-Literacy.W.6.1

Lo, Y. (2010). Implementing reflective portfolios for promoting autonomous learning among EFL college students in Taiwan. Language Teaching Research, 14(1), 77-95.

Núñez, A., (2010). The teaching of English within the theory-practice alternance model. In: Innovación y Competitividad. Memorias de la Jornada de Investigación. (pp. 32-54), Bogotá: Fundación Universitaria Empresarial de la Cámara de Comercio de Bogotá Uniempresarial.

 

Tomlinson, B. (1998). Materials development in language teaching. Cambridge: Cambridge University Press.

 

Tomlinson, B. (2011). Materials development in language teaching. Cambridge, UK: Cambridge University Press.

Tomlinson, B. (2012). State-of-the-art article materials development for language learning and teaching. Cambridge University Press. Retrieved from http://journals.cambridge.org/ 143-179

Tomlinson, B. (2013). Developing materials for language teaching. New York, N.Y: Boomsbury.

Weston, A. (2009). A rulebook for arguments (4th ed.). Indianapolis, IN: Hackett Student Handbooks Series.

Wray, D. (2004). Literacy: Major themes in education. New York, NY. Routledge Falmer.