Ciencias de la Educación

Editorial

MANTENER LA ESENCIA: MANTENER LA PRESENCIA

Estimada comunidad de nuestra Facultad de Educación, estamos muy cerca de finalizar este año que quedará grabado para siempre en nuestra memoria y no quisiera que terminará sin antes compartir con Ustedes algunas de las reflexiones que hemos hecho, en especial, en lo que se refiere a lo que somos y a lo que hacemos: ser maestros.

En los últimos meses han sido innumerables los cursos, charlas, webinars, foros y actividades con que diferentes entidades han querido ofrecer las herramientas para que esta nueva condición de vida garantice a todos, al menos el acceso a la educación. En medio de esta avalancha de actividades y sin abandonar la importancia innegable que tiene la formación en el manejo de los recursos que la educación virtual ofrece, nuestra Facultad optó por acompañar está formación con la reflexión sobre lo que implica ser maestro en estos tiempos. Con la mirada crítica que nos caracteriza realizamos dos eventos internacionales y participamos en otros tantos nacionales, de los cuales quisiera compartir con ustedes algunas de las reflexiones más cercanas a mi corazón de maestra.

Comencemos por decir que la sociedad ha pedido siempre al maestro ser el transmisor del conocimiento a los más jóvenes y el guardián de los principios y creencias que como sociedad espera perpetuar en ellos, petición que nos hace seres realmente esenciales. Sin embargo, no basta con que la sociedad nos haya trazado esta como nuestra tarea fundamental, quizá la esencialidad que nos constituye es lo que somos y lo que se ha puesto a prueba una vez en este año: maestros para todos los tiempos. Y lo somos en cuanto tenemos al menos cuatro características que nos acompañan y que en estos tiempos de incertidumbre y aislamiento han sido una ventana abierta para nuestros estudiantes:

  • nuestra capacidad para escuchar, al niño, al joven, al padre de familia, siempre dispuestos a comprender sus dificultades, sus angustias y también sus alegrías y sus logros;
  • nuestra capacidad para compartir el conocimiento, para procurar que nadie se quede sin lo que hemos aprendido, sin lo que sabemos de la ciencia, de la sociedad, de la vida;
  • nuestra capacidad para aprender y capacidad que hoy más que nunca nos ha llevado a explorar infinitas opciones para compartir el conocimiento y;
  • nuestra capacidad para resistir la adversidad, con pocos recursos, con nuestras propias dificultades, pero con la convicción de que siempre estamos dispuestos a aportar en la construcción de un mundo mejor.

Ahora bien, frente a este otro mundo que se ha abierto ante nosotros en el que la tecnología se convirtió en mediadora de la palabra, del abrazo, del sentimiento, es necesario mantener nuestra esencia y mantener la esencia no es nada distinto a mantener la esperanza, en especial, esa esperanza que se torna en optimismo; decía Fernando Savater hace unos años que a nosotros los maestros “no nos queda más remedio que ser optimistas” (2004). Mantener nuestra esencia es también mantener el saber, seguir aprendiendo para seguir enseñando, porque si no somos aprendices eternos no tendremos qué enseñar y los artefactos lo harán por nosotros, pero nunca como nosotros. Mantener la esencia significa para nosotros los maestros seguir amando profundamente lo que hacemos y hoy más que nunca construir lazos de solidaridad y colaboración para resistir la adversidad y la amenaza del individualismo al que nos puede llevar esta pandemia; el colectivo tejido con los lazos de solidaridad que nosotros podemos tejer con toda nuestra comunidad quizá sea el único camino para salir juntos adelante en estos tiempos.

La esencia de lo que somos nos hace presentes en el corazón de nuestros estudiantes, por tanto, es necesario mantener nuestra esencia para mantener nuestra presencia.

Un final de año solidario y un próximo año cargado esperanza.

Cecilia Dimaté

17 de noviembre de 2020