Blog de la facultad de Ciencias de la Educación

19 de julio de 2019

Del Capital, el Trabajo y la Tierra a la Sociedad del Conocimiento

Nelson Enrique Barrios Jara[1]

Antes del siglo XX, el desarrollo económico de una nación se atribuía principalmente a tres factores: el capital, el trabajo y la tierra; el capital se concibe como un conjunto de recursos producidos capaces de generar bienes, servicios y rentabilidad, el trabajo se entiende como   una actividad humana física o intelectual que requiere siempre de algún esfuerzo físico y de conocimientos previos. La tierra se concibe como un área utilizada para desarrollar actividades que generen una producción; esta incluye todos los recursos naturales de utilidad en la producción de bienes y servicios, ejemplo los bosques, los yacimientos, las fuentes y depósitos de agua; la fauna, la cría de ganado, siembra de cultivos, construcción de edificios, etc. Para el caso poco o nada valor se le daba a la educación, estas concepciones ocurrieron hasta mediados del siglo XX cuando autores como Fisher, Shultz y Becker relacionaron dentro de sus estudios la inversión en la educación, la formación de las personas con el llamado capital humano, de esta manera la educación ingresó dentro del espectro económico demostrando ser uno de los factores más importantes que impulsan el desarrollo económico de un país.

 

En este orden Fisher citado por Sevilla (2004), fue uno de los primeros en defender el título de capital humano, a partir de la definición de capital, que según él es cualquier activo que incrementa un ingreso. Bajo esta premisa este autor considera que la inversión que se realiza en la educación o formación de una persona es un activo porque genera el incremento de ingresos tangibles y no tangibles, pecuniarios y no pecuniarios, que, aunque tal vez no siempre son inmediatos, si lo son a mediano o largo plazo. La entrada del Capital Humano produjo cambios en los modelos económicos mundiales en el momento que amplió la perspectiva del concepto de capital que inicialmente se limitaba al capital físico y que posteriormente incluiría otros tipos de capital, como el reciente capital intelectual. Este cambio de visión también trajo consigo la explicación de la valorización heterogénea del trabajo y su distribución salarial, teniendo en cuenta que dichos elementos dependen del nivel de formación personal.

 

De acuerdo con Monroy & Flores (2009). el Capital Humano establece que el desarrollo económico de los países se debe a una relación entre la educación, el empleo y los ingresos, y es el resultado de la interacción adecuada entre los diferentes actores de la sociedad, los que están dispuestos a invertir: el estado, el sistema educativo y los empleadores y los trabajadores que reciben la inversión y producen con ella. Los factores a invertir para el caso son: educación, especialización de la mano de obra, eficiencia, aumento salarial, entre otros. Estos referentes dieron origen a diversos modelos sobre el capital humano por lo que en este orden y bajo mayores estudios empezaron a aparecer modelos econométricos dedicados a la economía de la educación, siendo la década de los noventa con Barro y Lee (1988), y con los aportes de Summer y Heston (1999), citado por Serén, M. J. F. (2003), donde se plantean perspectivas económicas relacionadas con el capital humano y la educación.

 

En este aspecto Acevedo (2003) destaca los modelos econométricos de Robert Barro y Jong-Wha Lee, quienes buscaron correlacionar las variables dependientes como el trabajo, el capital y el capital humano. En este punto el modelo de Solow plantea que una parte del crecimiento económico se debe a factores residuales como el crecimiento tecnológico, las mejoraras de la fuerza de trabajo que también tiene que ver con la educación, con el tiempo se han seguido investigando llegando a descubrir que los factores residuales resultan más influyentes que los iniciales. En este punto Schultz comparó las tasas de retorno de un dólar invertido en educación y de uno invertido en capital físico concluyendo que la rentabilidad del dinero invertido en recursos humanos es tan o más grande que la rentabilidad del capital físico. Desde esta postura de Schultz (1983) se considera que la educación no es una actividad de consumo sino una inversión donde las tasas de retorno son muy altas cuando sobre los procesos se intervienen estrategias para hacerla cada vez de mayor calidad. (Martínez, 1997:12).

 

 

Al respecto Becker (1990), ha destacado que el capital humano aumenta gracias a la alta inversión en el sector educativo cuyo retorno eleva el ingreso per cápita de la sociedad debido a la relación directa con el crecimiento económico y el stock de capital humano. Así mismo Chiswick, (2003) citado por Urciaga (2008), argumenta que las experiencias de capacitación en el trabajo son causa de un aumento de los salarios y esto en gran medida contribuye a agrandar la brecha de desigualdad en los ingresos cuando no existe.

 

Volviendo a los componentes residuales, el solo termino de capital humano es un elemento fundamental dentro del análisis económico y dentro de la llamada economía de la educación, sin embargo los procesos productivos y el aumento del capital en la actualidad también se relacionan con las capacidades tecnológicas, la densidad de la infraestructura, del crecimiento de la innovación, el cultivo de semilleros en las nuevas disciplinas, unidas estas a procesos científico tecnológicos, al mejoramiento de la inversión en investigación y su respectiva conexión con sistemas locales, regionales, nacionales e internacionales y en general el conjunto de conocimientos técnicos que son imprescindibles para llevar a cabo un proceso, este último denominado know-how.

 

De esta manera y de acuerdo a Acevedo, Gutiérrez y otros (2001) la teoría del capital humano ha planteado cuatro componentes: el primero en relación a la educación que genera la cadena de formación; cuéntese aquí educación básica, media, superior y pos gradual. La segunda que relaciona la experiencia de la persona con respecto a su trabajo; esta se cultiva a lo largo de la vida laboral y que si bien es cierto que recoge todo el aprendizaje, también relaciona las actitudes y habilidades desarrolladas. La tercera dada por la capacitación propia del lugar de trabajo y la cuarta las condiciones de salud del empleado, que tienen mucho que ver con las condiciones en su lugar de trabajo y afectan directamente su productividad. Estos cuatro aspectos son considerados actualmente como relevantes en el desarrollo del capital humano donde la educación es el pilar fundamental y determinante crucial para explicar el crecimiento de las personas y de la sociedad.

 

Con lo anterior se acepta la idea de que la educación aporta a la solución de problemas socioeconómicos como la pobreza y el desempleo, que es clave para el crecimiento económico y es una herramienta que permite la reducción de las desigualdades, lo que lleva a pensar cómo ajustar la educación para la competitividad, cómo fortalecer los procesos en todos los niveles, cómo mejorar las capacidades, no solo para que la educación sea un mecanismo para acceder a un mejor puesto de trabajo o para incrementar los beneficios desde el punto de vista financiero, lo que lleva sin duda a plantear el desarrollo de capacidades en varios campos siendo quizá uno de los primeros el campo científico tecnológico, ya que este radica su importancia en adentrar a las sociedades a lo que se ha dado en llamar “la sociedad del conocimiento”.

 

La sociedad del conocimiento en palabras de Krüger, K. (2006) considera como factor fundamental del cambio el conocimiento como recurso económico, lo que conlleva a la necesidad de aprender a lo largo de toda la vida y de fortalecer la educación; lo que, a su vez, lleva a crear conciencia de los riesgos de la sociedad moderna teniendo en cuenta que el conocimiento crece constantemente por su incorporación a los procesos productivos y de servicios, por su relevancia en el ejercicio de la participación popular en los procesos de gobierno y también para la buena conducción de la vida personal y familiar, lo que determina y exige nuevamente mejores procesos en educación.

 

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REFERENCIAS

 

  • Acevedo, S. (2007). Midiendo el impacto del capital humano en el crecimiento económico de Corea del Sur. Ecos de Economía: A Latin American Journal of Applied Economics, 11(24), 81-108.
  • Acevedo, M. C., Montes, I., Maya, J. J. V., González, M. N. V., & Mejía, T. B. (2007). Capital humano: una mirada desde la educación y la experiencia laboral. Cuadernos de investigación, 56, 1-40.
  • Monroy, G. V., & Flores, R. P. (2009). Perspectiva de la teoría del capital humano acerca de la relación entre educación y desarrollo económico. Tiempo de educar, 10(20), 273-306.
  • Krüger, K. (2006). El concepto de sociedad del conocimiento. Revista bibliográfica de geografía y ciencias sociales, 683(11).
  • Schultz, T. W. (1983). Inversión en capital humano. Educación y sociedad, 8(3), 180-195.
  • Sevilla, C. S. (2004). El capital humano y su contribución al crecimiento económico: una análisis para Castilla-La Mancha(Vol. 42). Univ de Castilla La Mancha.
  • Serén, M. J. F. (2003). El efecto nivel del capital humano en el crecimiento económico y regional: Un breve repaso a la evidencia empírica. Revista de estudios regionales, (65), 135-152.

[1] Doctor en Gerencia de Políticas Educativas, Docente Investigador Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Universidad Minuto de Díos.