Blog de la facultad de Ciencias de la Educación

5 de noviembre de 2018

ELEMENTOS ORIENTADORES PARA LA REFLEXIÓN EN LOS ÁMBITOS DE LA PEDAGOGÍA Y EL CURRÍCULO                                               

Nubia Ramirez R.

El principio y fundamento de esta reflexión se  inicia con una pregunta trascendental: ¿para qué viene el ser humano al mundo? Responderla será una cuestión de búsqueda de sentido de todo sistema educativo, sobre todo para formular propuestas educativas que se orienten a la formación de ciudadanos autónomos con capacidad de pensarse a sí mismos, como protagonistas de una época de grandes transformaciones y avances en lo científico, lo tecnológico, lo cultural, lo político y lo económico, pero a la vez de una época de grandes incertidumbres, contingencias, sospechas, que demandan  reconfigurar modos de ser y estar en el mundo.

A lo largo de la historia del pensamiento occidental,  las pedagogías han estado siempre atentas a responder preguntas que de alguna manera han definido el modo de ser propio de la cultura de los pueblos., Asimismo, podría pensarse que una pregunta que estaría presente en el mundo actual, sería: ¿para qué viene un ser humano al mundo globalizado, guiado por las redes de la comunicación y de la información, por la cultura de la imagen y de una estética del consumo, por una crisis de valores y de irrespeto a la vida…pero también para estar presente desde la perplejidad y desde la sospecha frente a narrativas que posibilitan reencuentro o distanciamiento consigo mismo?

Los desarrollos de las ciencias y las revoluciones tecnológicas han traído consigo, en el mundo moderno, el surgimiento del paradigma positivista, cuya pretensión ha sido  la de crear una racionalidad objetiva, mecanicista, uniforme, que funcione bajo los criterios de control, verificabilidad, y objetividad, entre otros. En esa concepción de mundo, preguntarse por el proyecto de transformación y emancipación del sujeto quedaría como una simple ilusión.

Al respecto, Tedesco (2013) en su documento acerca del debate curricular, nos presenta la crisis del sujeto en el mundo de hoy, como una crisis de sentido. El contexto actual que responde precisamente a unas lógicas técnico-instrumentales ha dejado de lado en los diferentes ámbitos de la acción humana una construcción política y ética del conocimiento.

Las construcciones epistémicas determinadas por  el  pensamiento  occidental han imposibilitado crear otras visiones de mundo. Las dinámicas economicistas y de capital-trabajo, orientadas para el consumo dejan de lado otras prácticas y saberes que potencian y nutren otros modos de vivir la existencia. Lo humano siempre ha sido tenido en cuenta desde una lógica conductual en la relación: estimulo/respuesta, acción/reacción.

Se crean representaciones de reconocimiento, identidad y dignidad humana, bajo el espejismo de consumir a todo nivel, y de adaptarse a estilos de vida manipulados por las apariencias que proveen visiones foráneas que ofrecen otras formas de conocer, de hacer y de estar que oferta el mercado.

Es así, como esa noción de mundo impuesta por la “modernidad/colonialidad” y su imagen de progreso, desde la conquista y la colonia ha determinado unas prácticas sociales, políticas, educativas, y culturales. Se generan nuevas necesidades y se adoptan nuevos modos de vivir como respuesta a las exigencias impuestas por las grandes multinacionales, que a la par con el debilitamiento de los estados, contribuyen supuestamente a fortalecer el estado de bienestar constitucionalmente creado por países que originalmente respetaban el enfoque de derechos y creaban las condiciones para que se respetaran los derechos individuales y colectivos.

Se hace necesario volver a retomar los presupuestos de la complejidad histórica y de la tradición crítica, desde la intencionalidad de asumir la multidimensionalidad humana como posibilidad constitutiva de las ciencias sociales y humanas. Las pedagogías actuales están llamadas más que a explicar a comprender no una concepción de realidad fragmentada, sino la concepción de realidades en sus múltiples interacciones.

Es en relación con la pluralidad y la complejidad, que toda propuesta que contribuya a procesos de democratización del conocimiento  logrará dinamizar las relaciones entre sujeto-historia, sujeto-comunidad. En este sentido, toda política social y educativa tenderá a favorecer prácticas sociales y culturales que posibiliten comprender la dignificación del ser humano.

Propuestas que denotan un interés por buscar equilibrio entre equidad, justicia social, desarrollo sostenible, entre otros aspectos, son relevantes para repensar la educación y por ende para hacer concretas las relaciones entre pedagogía-currículo-investigación. Las grandes transformaciones, en términos de  Torres (2001), las grandes “revoluciones científicas, tecnológicas, sociales y culturales”pág56 han replanteado maneras de relacionarlos con el conocimiento integrado por los diferentes saberes y con las tecnologías.En últimas,  ponernos en situación de hacernos ver el mundo como territorio de posibilidades, pero también de tensiones y dilemas.

A partir de lo anteriormente planteado, se toma como punto de partida el diálogo permanente entre lo individual con lo histórico y lo educativo en una interacción que posibilite la constitución y la reafirmación de subjetividades de manera crítica y reflexiva.De tal forma que a través de  esta dinámica, se construyan sentidos que des-territorialicen un tipo de conocimiento como instrumento de control y de poder. Estas búsquedas  tendrán  un propósito diferente  al de crear escenarios que propicien la integración de  otros tipos de conocimiento y de prácticas inclusivas. Un cambio de la racionalidad humana como resultado de un cambio global del conocimiento, es una exigencia frente a un nuevo paradigma de la complejidad y la globalidad presente en los contextos “reales-glocales” que implica tanto lo individual como lo colectivo  que conlleva a la construcción de ciudadanías comprometidas capaces de tomar decisiones que involucren a todos los ciudadanos como base para la construcción de procesos democráticos incluyentes.

Estos elementos para la reflexión, constituyen una invitación para ver tanto los tipos de conocimiento desde el intuitivo hasta el científico no solamente como ejercicios de la mente, sino como esfuerzos inteligentes para encontrar interpretaciones personales, parciales o totales de la vida y del mundo.