Blog de la facultad de Ciencias de la Educación

25 de junio de 2018

La actitud y la cultura investigativa: fundamentos esenciales para la formación de investigadores y de “maestros investigadores”

Hace casi tres décadas (1993) la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo (Comisión de sabios) hizo un análisis sobre el nivel de desarrollo logrado por el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología y encontró que “Sólo el 1% de los científicos del mundo son latinoamericanos, y de éstos sólo el 1% son colombianos” (Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, 2004).

Adalberto León Méndez

Hace casi tres décadas (1993) la Misión de Ciencia, Educación y   Desarrollo (Comisión de sabios) hizo un análisis sobre el nivel de desarrollo logrado por el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología y encontró que “Sólo el 1% de los científicos del mundo son latinoamericanos, y de éstos sólo el 1% son colombianos” (Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, 2004). Para este momento, Colombia contaba con 5.000 científicos y, para ubicarse en el promedio internacional, se necesitaban 36.000. Hasta nuestros días esta situación no ha cambiado significativamente, lo que nos indica que, en 25 años, no se han llevado a la práctica las recomendaciones hechas por la comisión, que entre las más importantes proponía el fortalecimiento de la infraestructura institucional para la investigación y el desarrollo tecnológico, reforzar los vínculos entre los grupos y centro de investigación y los usuarios del conocimiento y aumentar el número de investigadores (Misión de Ciencia, Educación y desarrollo, 1993). Esta situación se explica, entre otras causas, porque “los proceso escolares que hacen énfasis en la instrucción, que excluyen la espontaneidad, la creatividad, el escepticismo, la capacidad de asombrarse, la habilidad para cuestionar y hacer preguntas, van en contravía con la preparación requerida para formar investigadores” (Bonilla-Castro, 1998)

En el mismo informe también se recomendaba fortalecer la relación entre ciencia, educación y desarrollo y se planteaba la necesidad de que el sistema educativo debía desarrollar las competencias investigativas, las habilidades científicas y  tecnológicas de los estudiantes desde la primera infancia hasta la educación superior. Para lograr estos objetivos se necesitan investigadores, que no surgen espontáneamente; debemos tener políticas, planes, programas y proyectos, primero para seleccionarlos y luego  para articular la formación de los investigadores y de los “maestros investigadores” a campos de investigación de las ciencias naturales, ciencias sociales (educativas y pedagógicas) y tecnológicos.

En una investigación sobre la formación investigativa en la educación superior, se plantea que

En la actualidad muchas críticas se le han realizado al sistema de formación de investigadores en la universidad colombiana. Se le acusa de inoperante, ineficaz, excesivamente teórico y de tender  más hacia la información que a  la formación. Otros cuestionan el hecho de que se le dé prioridad a los aspectos estrictamente metodológicos y técnicos en desmedro del desarrollo de una actitud científica y de una cultura investigativa. También se cuestiona su tendencia a desarrollar un tipo de investigación que sólo busca productos y resultados a corto plazo y no de una investigación académica y formativa  que contribuya al desarrollo de profesionales innovativos, creativos y críticos. Al finalizar  los cursos de metodología de la Investigación, estos  han memorizado numerosos datos y conceptos  básicos sobre   metodología  y  técnica de la investigación, pero son incapaces de diseñar y llevar a la práctica un proyecto de investigación (Cerda y León, 2006, p 11)

Sin embargo, la mayoría de las universidades para solucionar los interrogantes que se tejen en torno a la formación de investigadores, intensifican los cursos de metodología de la investigación o hacen transformaciones formales a los planes de estudio y a los currículos académicos, sin acercarse a una comprensión más profunda de las causas por las cuales no aumenta el número de investigadores, los grupos de investigación no se sostienen y la producción de conocimiento no se incrementa significativamente.

León (2011) plantea que con mucha frecuencia se olvida que el proceso de formación de investigadores no puede ser intensivo en el sentido de aumentar el número de horas dedicadas a los cursos de metodología sino que deben extenderse a través de todo el trayecto vital de la formación de los estudiantes y profesores, que la investigación no es un proceso terminal en la formación profesional, que no es un proceso excluyente en los niveles de la formación académica, que no está presente en escenarios diferentes de la vida cotidiana y que definitivamente no es privilegio de sabios. Pero quizá el “olvido estructural” es el de no concebir la formación de investigadores como un problema de formación y desarrollo de actitudes y de cultura investigativa. La investigación es ante todo una actitud que se relaciona con la intencionalidad deliberada de conocer y transformar la realidad y por tanto es un problema de interés  personal y colectivo” (León, 2011, p 46).

La formación de actitudes y de cultura investigativa se fundamenta en el interés personal. A modo de ejemplo valdría la pena recordar que etimológicamente el significado esencial de la palabra interés se encuentra en su raíz latina: inter-esse, “estar en (o) entre”, es decir, es una disposición interior activa, es lo contrario de indiferencia, es un esfuerzo libre y activo que compromete por voluntad propia, o como diríamos ahora, es la motivación interior; este sería un interés genuino por la investigación y no el interés instrumental de aprobar los cursos de metodología de la investigación (León, 2011).

Del concepto de cultura, podemos decir que no tiene un significado unívoco porque se ha interpretado de diferentes maneras de acuerdo a las diferentes vivencias humanas y situaciones históricas. En su sentido originario la palabra cultura se deriva del latín cultura y cultus, que significan cuidado, cultivo, “cultivo de la mente”, “cultivo de las artes y las letras” y de las capacidades intelectuales. De los diversos usos atributivos y funcionales de cultura y cultus se hace el tránsito al entendimiento de la cultura como actividad sustantiva, la cultura como sustantivo, cultura como actividad: cultivar algo, cultivarse a sí mismo. La cultura como un estado interior sensibilizado, como el estado más deseable del ser humano sigue teniendo validez y es necesario rescatarlo y resignificarlo a propósito del entendimiento de la cultura investigativa (León, 2011).

El concepto de cultura que mejor nos permite acercarnos a la construcción del concepto de cultura investigativa es el de la cultura como el cultivo personal del investigador, consciente y libremente asumido, donde el sujeto que siente, piensa y hace investigación tiene autoconciencia de su trabajo como productor de conocimiento y comprende su ejercicio profesional como un acto de creación y de invención permanente.

Desde este horizonte conceptual la cultura investigativa se fundamenta en algunos principios: el deseo como impulso interior, es la fuente de la producción de conocimiento y del interés por la investigación entendida como un acto creador; son las fuerzas emocionales y las actitudes y no los métodos las que impulsan al investigador; la motivación interior y el deseo de conocer, son la base de la práctica individual y social de los investigadores; la admiración y el asombro frente a la realidad son la fuerza y el impulso interior del investigador. Estas reflexiones sugieren que la formación de investigadores y la práctica investigativa comprometen tanto la dimensión emocional y vital como el rigor intelectual y lógico de los sujetos que asumen la investigación como proyecto de vida. El trabajo investigativo nos ofrece un escenario amplio, donde sentir significa que estamos implicados, comprometidos con los problemas que queremos dilucidar, en cuyo proceso las emociones son el hilo con el que se tejen los conceptos a partir del placer y el gusto de resolver interrogantes y la satisfacción de descubrir y producir conocimiento nuevo (León, 2011).

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Referencias

Bonilla-Castro, E. (1998). Formación de investigadores. Estudios sociales y propuestas de futuro. Bogotá: Tercer Mundo- Colciencias.

Cerda y León (2006) Formación investigativa en la educación superior colombiana.    Universidad Cooperativa de Colombia. Bogotá: CIFE.

Cerda, León, Henao y Tamayo, (2011).  La cultura y la actitud investigativa como soportes de la investigación científica. Bogotá: Universidad Cooperativa de Colombia – CIFE.

Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo (2004).  Informe Conjunto Colombia al Filo de la  Oportunidad. Bogotá: Editorial Magisterio.