Ciencias de la Educación

13 de noviembre de 2020

La vorágine de hacer un “en vivo y en directo de la escuela”

Andrés Leonardo Rey Barbosa

 

El episodio histórico al que acudimos con la llegada del COVID 19 es evidentemente una develación de los múltiples problemas ocultos tras la apariencia de normalidad de la realidad precedente. La pandemia expuso, entre otras problemáticas, la fragilidad del sistema de salud, el espíritu despiadadamente rentista de la banca, la brecha digital y el letargo de la educación frente a las posibilidades de innovación. Y es precisamente la educación y la manera cómo la escuela asumió el reto de la virtualidad en nuestro país lo que convoca este ensayo, con la intención de reflexionar porqué transmitir la escuela en línea es una muestra de lo lejos que estamos de la implementación real de las TIC en educación.

El reto al que se enfrentó la escuela al tener que continuar los procesos de enseñanza de manera remota se abordó, como era apenas natural, desde el uso de la tecnología. Esto desde luego afectó a más del 40% de la población estudiantil, que no contaba con acceso a la red (Stornelli, 2020) y esto sin focalizar las alarmantes cifras de las zonas rurales. Pero no es intención de estas líneas discursar sobre lo que no sucedió (jamás intentando soslayar el drama que implica la desigualdad de oportunidades), sino sobre lo que se pudo hacer y la manera como se ejecutó, buscando comprender lo que hizo la escuela cuando las dificultades de comunicación ya no eran la excusa.

En una lectura pedagógica de la realidad, es válido afirmar que lo primero que implicaba la pandemia en términos didácticos era la comprensión de las lógicas del proceso de enseñanza aprendizaje en las nuevas mediaciones. Una vez se tenía a los estudiantes en una video conferencia era necesario que el docente cambiara el modelo mental para poder emprender el proceso de enseñanza considerando los límites y posibilidades que los nuevos escenarios ofrecían.

No obstante, la verdad es que lo que padres y estudiantes experimentaron fue que se intentó transmitir en vivo la escuela. Gran parte de los docentes se pusieron tras su computador y simularon que estaban en el salón de clase para seguir enseñando de la misma manera en que lo harían en la escuela. Al respecto afirma Porlán (2020), los modelos mentales se cambian por otros modelos mentales, pero no por el hecho en sí de usar nuevas herramientas tecnológicas. Entonces seamos claros, el ejercicio de replicar la aulas, nacido seguramente desde la mejor intención de los docentes, olvidó que las mediaciones tecnológicas implican una didáctica propia. Se intentó simular el aula de clase pasando por alto que del otro lado de la cámara cada estudiante estaba en el contexto de su casa, con los distractores propios del mismo, quizá sin comprender a su maestro, con fallas de audio, disperso o hasta dormido.

Este tipo de situaciones coinciden con lo que afirma Noah Dougherty (como se cita en Villafuerte, 2020) “es importante reconocer que la estructura controlada de una escuela no es replicable en línea”, lo que con disfraz de limitante se tranforma en oportunidad. Pensémoslo por un momento, si algo ha dicho la pedagogía contemporanea es que los procesos de aprendizaje significativo no solo suceden en el aula (Perez & González, 2010), de manera que la pandemia nos dio la gran oportunidad de sacar a los estudiantes del salón de clase, pero al parecer decidimos utilizar la tecnología para regresarlos virtualmente al aula.

Prueba del desatino en la implementación de las TIC es que las herramientas más utilizadas durante la pandemia tienen que ver con la posibilidad de dar clases magistrales en formato virtual (controlando la asistencia), subir apuntes, grabar vídeos expositivos y realizar exámenes virtuales que en algunos casos terminan por resolver los padres (Porlán, 2020). Estos ejercicios de enseñanza no distan en nada de lo que pasaría en un aula presencial, solo que se les suma la dificultad de seguimiento, la baja duración de los periodos de atención y el cansancio natural que generan los altos tiempos de exposición a las pantallas, lo que indefectiblemente termina por afectar el proceso de aprendizaje y no por facilitarlo.

En consecuencia, la pandemia tiene que ser un disparador para que abramos la mente a la manera como suceden los aprendizajes en la virtualidad y seamos capaces de aportar a esas lógicas. Es fundamental convenir que, antes de traer cada una de las herramientas tecnológicas en boga y llevarlas a la educación con el epíteto de innovación, se necesita una transformación real de los modelos mentales en todos los actores, para que, entendiendo las lógicas de lo virtual, descubramos las nuevas posibilidades de aprendizaje que estas herramientas nos ofrecen.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación brindan múltiples herramientas para favorecer la motivación, la autonomía, la creatividad, el trabajo colaborativo, la investigación y la interactividad en el proceso de enseñanza aprendizaje. Así pues, nos corresponde como maestros ejecutar el cambio mental que suponen las nuevas tecnologías, acercarlas a los estudiantes y hacer de ellas una alternativa para el aula tradicional, que no solo pueda ser usada por la fuerza de las circunstancias, sino como un oasis en medio de la rutina de la presencialidad. En tal sentido afirma (Villafuerte, 2020) “el mayor cambio que requiere el aprendizaje virtual es la flexibilidad”, de modo que necesitamos abrirnos a concebir clases donde se pueda ceder didácticamente el control a los estudiantes, donde se ponga entre parentesis toda lógica tradicional para abrirse a la virtualidad, donde la tecnología cumpla una función dinamizadora y no termine siendo el canal para el discurso de siempre.

Finalmente, pretender que las herramientas tecnológicas lo único que nos permiten es transmitir la escuela en línea, es sencillamente, adentrarnos en la vorágine educativa de lo tradicional, en el caos del control y la reproducción de contenidos. Hacer un “en vivo” de la escuela, no solo es inviable sino innecesario. Si no aprovechamos la oportunidad que nos brinda esta situación para abrir la mente a nuevas formas de enseñar y aprender, entonces lo único que aseguramos es que todo se renueve menos la educación. Y eso, como nos lo enrostró la situación que hoy vivimos, es algo que ni como maestros ni como país nos podemos permitir.

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Referencias

Porlán, R. (2020). El cambio de la enseñanza y el aprendizaje en tiempos de pandemia. Revista De Educación Ambiental Y Sostenibilidad, 2(1), 1502. https://doi.org/10.25267/Rev_educ_ambient_sostenibilidad.2020.v2.i1.1502

Stornelli, Nicola (2020). Las TIC y las Telecomunicaciones pre y post pandemia. Portafolio, Jun 26 de 2020. Recuperado de: https://www.portafolio.co/economia/las-tic-. y-las-telecomunicaciones-pre-y-post-pandemia-542132

Pérez, M. y González, D. (2010). Salir del aula: el papel de la ciudad en la educación. Tejuelo: Didáctica de la Lengua y la Literatura. Educación, 9 (1), 121-135. ISSN 1988-8430

Villafuerte, P. (19 de marzo de 2020). Educación en tiempos de pandemia: COVID-19 y equidad en el aprendizaje. Observatorio de innovación educativa.