Ciencias de la Educación

12 de agosto de 2020

Provocaciones para la evaluación en tiempos de aislamiento

Colectivo de maestros IDEÉ
“Para soñar y pensar la educación”.
ideecolombia@gmail.com

 

Tradicionalmente, la educación ha privilegiado una enseñanza centrada en lo cognitivo y una evaluación de los aprendizajes que examina, verifica, valida, y certifica los conocimientos. Sin embargo, la situación actual, por la emergencia a causa del coronavirus, ha obligado al tránsito hacia una transformación educativa de largo aliento, así que, el Colectivo de maestros IDEÉ, en su propósito de soñar y pensar la educación comparte las siguientes invitaciones: la primera tiene que ver con el fortalecimiento del vínculo que une el entorno educativo con las necesidades, intereses, emociones de los estudiantes y las familias; la segunda a comprender la evaluación como un proceso de mejora y aprendizaje, y la tercera a recuperar la escuela como espacio de conversación y diálogo.

El reconocimiento del contexto social, económico, geográfico en el cual está inmerso el estudiante es fundamental para trazar derroteros de aprendizaje y evaluación. La estrategia “Aprende en casa” requiere una serie de recursos como acceso a internet, computador, tablet, celular u otro dispositivo electrónico. Aunque en pleno siglo XXI se pensaría que estos recursos están al alcance de todos, la realidad hizo evidente que no es así. En la “normalidad de la escuela” veíamos a una gran mayoría de estudiantes con celulares, pero lo que no sabíamos era que su principal uso era para redes sociales, o simplemente para reportarse con los padres o acudientes a través de llamadas telefónicas, porque quizás así se les exigía. Creíamos que por considerar a los jóvenes como nativos digitales ya tenían las habilidades que requiere un mundo interconectado. Sin embargo, la evidencia en estos tiempos muestra una gran dificultad de los estudiantes, docentes y padres para acceder e interactuar con plataformas y otros medios virtuales al servicio de la educación remota.

Las situaciones sociales que viven nuestras comunidades colombianas revelan familias en extrema pobreza, cuyas necesidades están más allá de responder por un adecuado desempeño escolar de sus hijos. Esta realidad nos plantea retos y posibilidades. Por un lado el fortalecimiento y capacitación en el uso de los medios electrónicos de información y comunicación para toda la comunidad educativa, y por otro la necesidad de entender que las brechas sociales no pueden ser profundizadas al juzgar al estudiante de “perezoso” por no cumplir con la tarea virtual, menos aún, asignarle un “uno” como calificación en su desempeño; por lo que se requieren estrategias diferenciadas que no desliguen a estos estudiantes de la escuela. Como plantea Gentili (2001) “la invisibilidad es la marca más visible de los procesos de exclusión” (p.2).

La segunda invitación es a comprender la evaluación como un proceso de mejora, de aprendizaje y oportunidad; una evaluación en la que el docente utilice las producciones de los estudiantes como evidencia de lo aprendido, a fin de reconocer los avances, sugerir nuevas propuestas y oportunidades a través de una constante retroalimentación que complemente el aprendizaje (Anijovich y Cappelletti, 2017). Es decir, la evaluación no solo debe servir al estudiante para evidenciar los aprendizajes ante el maestro como tradicionalmente se ha considerado, sino que debe constituirse en una fuente de aprendizaje, que genera confianza e interés por aprender. La experiencia de educación desde la virtualidad posibilita una evaluación diferenciada como motor de aprendizaje, que exige ir más allá de los contenidos disciplinares y pone a la retroalimentación y la autoevaluación como procesos claves para reconocer al estudiante como sujeto activo y constructor de nuevas formas de aprender.

La tercera, y última invitación, es a que los encuentros sincrónicos creen espacios para la conversación. Maturana (2015) menciona que “en el conversar construimos nuestra realidad con el otro, conversar es un modo particular de vivir juntos, con todo y emociones”. Hoy las emociones están a flor de piel, así que es el momento de hacer que la llegada de la escuela a las casas sea más agradable, que salga del marco de formalidad y verticalidad de lo magistral. En la nueva relación maestro-estudiante es importante buscar maneras amigables y enriquecidas que atraigan la atención del estudiante, que lo hagan sentir parte de la clase, del diálogo, del encuentro.

En la situación actual es posible el acercamiento al estudiante, al reconocimiento de su humanidad, de sus sentimientos, emociones, opiniones, iniciativas y objetivos ante las nuevas formas de aprender, de enseñar y de transcender los espacios tradicionales de la escuela. Podemos conversar alrededor de cómo el estudiante ha asumido la nueva situación educativa, la manera de solucionar las propias dificultades para dar respuesta a los retos de la vida y la educación actual, de cómo fomentar la autonomía, el autocontrol y autorregulación en su proceso ante la avalancha de guías, videos, talleres. Y fundamentalmente, de cómo se siente  el estudiante ante el encierro obligatorio al que se ha enfrentado en los últimos días para adaptarse al nuevo entorno social.

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Referencias

Anijovich R. y Cappelletti G. (2017). La evaluación como oportunidad. Paidós.

Gentili P. (2003). La exclusión y la escuela: el apartheid educativo como política de ocultamiento. Laboratorio de Políticas Públicas (LPP). Universidad del Estado de Río de Janeiro.

Maturana, H. y Ximena, D. (2015). El Arte de Conversar. Las Majadas de Pirque.