Blog de la facultad de Ciencias de la Educación

25 de junio de 2018

¿Relaciones interpersonales que promueven desarrollo humano y valores?

Los seres humanos llegamos al mundo demasiado indefensos por lo que necesitamos de la mano de alguien que nos acoja, dando lugar al ávido deseo de interacción con el otro. Por esta misma razón, Maturana (1992) dice que la biología trasciende para hacernos seres humanos, pues nos construimos a través de la interacción con el otro junto a la corporalidad...

Yolanda Quintero Sierra

Los seres humanos llegamos al mundo demasiado indefensos por lo que necesitamos de la mano de alguien que nos acoja, dando lugar al ávido deseo de interacción con el otro. Por esta misma razón, Maturana (1992) dice que la biología trasciende para hacernos seres humanos, pues nos construimos a través de la interacción con el otro junto a la corporalidad; así entonces, basa el concepto de relaciones interpersonales como un tejido de conversaciones verbales y no verbales propia del vivir con otros, vinculadas al intercambio del lenguaje corporal y emocional que llama “lenguajear” (p.42). Ese “lenguajear”, se instala en el inconsciente y se expresa en la gestación y en esas primeras relaciones con los otros (padres, hermanos, familia extensa), donde se entretejen valores y principios que se aprenden y retroalimentan a lo largo de la vida para después transmitirlos de generación en generación. Obviamente el vivir circunstancias entretejidas con los otros, permite que se experimente un variado espectro de emociones entre el amor y la agresividad, propias de todas las relaciones interpersonales.

Acerca del amor, Maturana (1992) argumenta que esta emoción opera cómodamente en la cultura matrística por cuanto permite la construcción de la convivencia, refuerza la cooperación, la solidaridad, valora lo femenino y el cuidado. Por su parte, Boff (2012), se refiere al amor como expresión de cuidado, protección y afecto, cuya práctica promueve el desarrollo humano y valores por crear lazos de convivencia duraderos y constructivos a través del cuidado de sí mismo, los otros y el planeta.

De otro lado, acerca de la agresividad, Maturana (1992) dice que se mueve a sus anchas en la cultura patriarcal, ya que destruye la convivencia e inhibe el desarrollo humano y valores por cuanto es expresada a través de la competitividad, las jerarquías, el autoritarismo, la fuerza, el sometimiento de los que considera débiles como los niños y las mujeres.

Estas definiciones teóricas sobre el amor y la agresividad no difieren de lo que Freud (1932) con respecto al amor dice. Para él, los lazos de amor actúan contra la guerra, provocan unión, conservación de la especie y los llama pulsión de vida. El concepto de pulsión, lo refiere a un estímulo biológico que es transformado por el lenguaje y la cultura, es decir por la interacción con los otros. Contrario a la pulsión de vida, existe otra pulsión que es la pulsión de muerte y que Freud (1927) considera que actúa de manera destructiva, rechazando el lazo cultural y privilegiando la muertee la misma forma, Erich Fromm (1973) comparte los conceptos de Pulsión de vida y de muerte, pero les cambia su nombre: Biofilia y Necrofilia, respectivamente, para aproximarlos a la convivencia con los otros; por esta razón, la biofilia impulsa al ser humano a amar y crear la vida; y la necrofilia, surge con el egoísmo, codicia, ansia de destruir y odio a la vida. Pero Fromm (1973) recalca también que se convive con ambas fuerzas, igual que Freud (1923), y que unas y otras suelen ser la causa del desarrollo productivo en cualquier sujeto, pues en muchas ocasiones se necesita de agresividad que apoye la vida, como es el caso de la agresión benigna, que impulsa al sujeto a esforzarse por sus metas.

Así pues, para Erich Fromm (1973) el desarrollo humano y los valores están determinados por el impulso biofílico que involucra el desarrollo de los propios potenciales, del pensamiento crítico que retroalimenta el propio discurso y la construcción del ser a partir de la disposición personal que implica comprensión, esfuerzo, tiempo y desarrollo de las necesidades más profundas que involucran a los otros y que es contrario a la estructura de tener o poseer para consumir y aparentar, que no serían más que expresiones de orden necrofílico o destructivo.

Lamentablemente, la cultura patriarcal es visible en la familia, escuela y trabajo, donde se manifiestan relaciones interpersonales enmarcadas en la necrofilia, pues adoptan y transmiten tipos de conversación que jerarquizan las relaciones interpersonales desde la obediencia o la instrumentalización de los otros con el uso de la fuerza y el poder; desvaloriza lo femenino como el trabajo doméstico; fomenta soledad, aburrimiento, consumo, adicciones; promueve la falta de cuidado con nosotros mismos y el entorno. Y lo peor de todo, es que naturaliza todas las conductas anteriores, legitimándolas e impidiendo una cultura basada en el privilegio de una vida compartida y digna para todos en igualdad de condiciones que enaltezca los propios potenciales y posibilita el desarrollo humano y los valores.

Así entonces, es imprescindible que en cualquier espacio social, como en la escuela, se promueva el pensamiento crítico, a partir de la reflexión sobre las relaciones interpersonales, con el fin de abrir prácticas de desarrollo humano y valores que le den apertura a la responsabilidad de las propias acciones agresivas y promuevan lazos de convivencia amorosos, duraderos y constructivos.

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Referencias

Boff, L. (2012). El cuidado necesario. [Traducido al español de O cuidado necessário. Na vida, na saúde, na educação, na ética e na espiritualidade]. Madrid: Editorial Trotta.

Freud, S. (1923). Teoría de la líbido. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras completas: Sigmund Freud (Vol. 18, pp. 250-254). Buenos Aires: Amorrortu. Recuperado de http://www.bibliopsi.org/docs/freud/18%20-%20Tomo%20XVIII.pdf

Freud, S. (1927). El porvenir de una ilusión. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras completas: Sigmund Freud (Vol. 21, pp. 1-55). Buenos Aires: Amorrortu. Recuperado de http://www.bibliopsi.org/docs/freud/21%20-%20Tomo%20XXI.pdf

Freud, S. (1932). ¿Por qué la guerra?. En J. L. Etcheverry (Traduc.), Obras completas: Sigmund Freud (Vol. 22, pp. 179-198). Buenos Aires: Amorrortu. Recuperado de http://www.bibliopsi.org/docs/freud/22%20-%20Tomo%20XXII.pdf

Fromm, E. (1973). Anatomía de la destructividad humana. Recuperado de http://www.ignaciodarnaude.com/textos_diversos/Fromm,Anatomia%20de%20la%20destructividad%20humana.pdf

Maturana, H. (1992). El Sentido de Lo humano. Recuperado de http://convivir-comprender-transformar.com/wp-content/uploads/2012/08/Maturana-Romesin-H-El-Sentido-De-Lo-Humano.pdf